Realiza tres caminatas semanales: una corta con cuestas, una media en terreno similar al Camino y una larga cercana a tu distancia objetivo del sábado. Añade dos sesiones de fuerza con sentadillas, elevaciones de talón y planchas para estabilizar la pelvis y proteger la zona lumbar. Practica con el calzado definitivo y la mochila equipada, ajusta tirantes y cadera, y registra sensaciones para anticipar ajustes finos antes del día de salida.
La fascitis plantar y la tendinitis rotuliana aparecen cuando combinamos prisa, descenso agresivo y calzado inadecuado. Usa plantillas si ya te funcionan, controla la cadencia en bajada, y apoya bastones para descargar articulaciones en tramos técnicos. Calienta cinco minutos antes de arrancar, afloja gemelos en cada pausa, y trata los puntos de presión del pie al primer aviso. Guantes finos y cinta kinesiológica pueden resolver roces o estabilizar una molestia incipiente sin detener la jornada.
Respira por la nariz en pendientes suaves para mantener control cardíaco, reduce la zancada en rampas largas y usa bastones como cuartos puntos de apoyo. En bajadas, evita talonar bruscamente, orienta el tronco ligeramente hacia delante y suaviza el impacto. Si el terreno está húmedo, prioriza tracción sobre velocidad y elige líneas limpias. Cronometra pausas breves y frecuentes en lugar de descansos largos que enfrían músculos y dificultan retomar el ritmo cómodo.
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